El sol y la luna
Vergüenza sintió el Sol al mirar a la Luna caminar sola por la penumbra. Quiso besarla por instantes y abrazarla hasta fundirse en un solo astro, pero no pudo.
Su calor la mataría y se alejó, se alejó tanto que la Luna empezó a morir, a morir de soledad y su alma se congeló al faltarle su cálido Sol.
Y fue buscando otras estrellas para no morir de amor y ninguna se quedaba después del amanecer a su lado, todas, tan distantes y frías fueron haciéndole compañía en las noches de su vida. Pero ahí estaba el Sol, iluminándola, dándole calor desde la distancia.
Y bajo la Luna y bajo el Sol seguimos estando los dos. Cómo aquellos atardeceres donde la Luna visita al Sol y por milésimas de segundo ves como se acarician y las estrellas celosas de ese amor prohibido empiezan a cubrir el cielo y rodear a la Luna de un gélido calor de invierno.
No quiero morirme abrasada por tus llamas de pasión, rencor o amor. No quiero congelarme por la distancia absurda que marcas. Quiero que gracias a ti brille como nunca.
Quiero que seas mi sol y quiero ser tu luna.
Eres la luz que ilumina mis noches.










