“Cuando alguien se va, sufre más el que se queda”
Las palabras fueron encadenadas, contra la pared y la luz apagada…
“Cuando alguien se va, sufre más el que se queda”
Las palabras fueron encadenadas, contra la pared y la luz apagada…
Soy tu súcubo desnudo y hambriento, que entra en tus sueños y te despoja de los ideales inmorales que te inculcaron tus padres.
Con máscara o sin ella vamos a jugar a lo prohibido, lástima que sepa tu nombre y tu apellido, sin él está claro que sería más divertido.
No me cuentes cómo te va la vida, solo quítate los pantalones y desabróchame la camisa.
Quiero ver como dibujas espirales con tu lengua sobre mi espalda, quiero notar tu respiración entre cortada en mi nuca, ver como mis piernas empiezan a temblar y ver como te adentras entre ellas. Sentir tus ojos mirarme de forma lasciva, fundirnos en un solo ente y ver como se muere de celos la gente.
Volver a renacer, desnudos, entre lágrimas y carcajadas…
Quiero mirarte con la luz del alba y no sentir remordimiento por nada.
Una puerta se cerró mientras me gritabas nuestro pasado. Desnudo, por primera vez te violé los sentimientos y nunca fuiste más bello que en aquel preciso momento, nunca antes vi algo tan puro como susurrar a los cuatro vientos un “te quiero”.
Decir adiós al futuro, olvidarte de un pasado turbio y de un presente sinsentido. Olvidarme de tu cuerpo, olvidarme de mis sentimientos.
Una puerta se abre.
Ya no quedan palabras para esta historia de amor, ya no quedan más recuerdos por crear, ya no quedan más gritos que dar.
Hoy se agotaron las palabras, se cansaron las musas, se despertaron los sueños… Hoy se perdió el nosotros, el futuro se quedó estancado en ayer y no volverá ese mañana juntos, se acabó la terraza, se acabó tu café, se acabó tu sonrisa, tus despertares a mi lado, se acabaron las palizas mentales, se acabaron los mimos incontrolables, se secó la lluvia y no quedan más bailes, se acabó el tú, se acabo nuestra historia imperfecta de amor, se acabó el mirarte y hundirme en tu cuerpo, los largos paseos, las noches interminables, tu cocina, tu comida, tus… tus abrazos, tus besos, tus caricias, tus palabras bonitas, se acabó todo lo bello y lo feo que teníamos, ya solo nos quedan un par de canciones, un pais y un nombre.
Adiós, mi amor.
Vergüenza sintió el Sol al mirar a la Luna caminar sola por la penumbra. Quiso besarla por instantes y abrazarla hasta fundirse en un solo astro, pero no pudo.
Su calor la mataría y se alejó, se alejó tanto que la Luna empezó a morir, a morir de soledad y su alma se congeló al faltarle su cálido Sol.
Y fue buscando otras estrellas para no morir de amor y ninguna se quedaba después del amanecer a su lado, todas, tan distantes y frías fueron haciéndole compañía en las noches de su vida. Pero ahí estaba el Sol, iluminándola, dándole calor desde la distancia.
Y bajo la Luna y bajo el Sol seguimos estando los dos. Cómo aquellos atardeceres donde la Luna visita al Sol y por milésimas de segundo ves como se acarician y las estrellas celosas de ese amor prohibido empiezan a cubrir el cielo y rodear a la Luna de un gélido calor de invierno.
No quiero morirme abrasada por tus llamas de pasión, rencor o amor. No quiero congelarme por la distancia absurda que marcas. Quiero que gracias a ti brille como nunca.
Quiero que seas mi sol y quiero ser tu luna.
Eres la luz que ilumina mis noches.
Empiezan los sudores fríos. Empiezan las arcadas y las ganas de perder el sentido. Empiezan los remordimientos. No volveré meterme más amor en el cuerpo. Estoy enganchada a tus besos. Al placer matutino, al orgasmo perdido, al lúgubre sentido del camino que va abriéndose al paso de lo prohibido.
Necesito una dosis más de tu cuerpo. Necesito sentirte dentro. Ver como me falta el aliento, desmayarme y recobrar el sentido de lo no vivido. Necesito encerrarme, no ver la luz del sol, necesito borrarte, desintoxicarme. Ver como se van perdiendo las toxinas de tu cuerpo, ver como no te anhelo.
Calor. Ardo, me estoy consumiendo en deseo. Agua. Sed, me muero por beber de tu miel. Temblores, mi cuerpo se envuelve en un terremoto de sensaciones. Lujuria, pecado, castigo. ¡Tú!
Vuelve el desvarío de no sentirte mio, lo prohibido, el egoísmo de un ser cautivo. Profundo estallido de placer que me envuelve. Gemidos, risas, sonrisas, miradas, caricias. ¡Tú!
Sentimientos ilícitos que me trastocan mis sentidos. Adicción, conocimiento, deseo. Enredarme en tu pelo y caer al vacío envuelta en mil gritos y gemidos. Gritar tu nombre o el suyo. Susurrarte el mio o el de ella y volver a caer en el abismo.
Desnuda mis sentidos…
Llegas cuando estoy a punto de olvidarte, me besas, me abrazas y todo está igual que antes. Hay un mar de palabras congeladas que se quedaron estancadas en nuestras gargantas y que por más que las llamas, nada… No nos dicen nada, no hay un por qué de nuestro abandono mutuo, no hay razón ni luto al fracaso de nuestro amargo pasado.
Hagamos un pastel de arándanos y un poquito de té inglés. Quiero que vayamos al campo y perdernos un rato, que descansemos a la sombra, que no me mires con deseo, ni recelo, que comprendas facilmente que no te quiero, que no te espero…
No, no pienso en volver a estar contigo tomando un café a las dos de la mañana, vestida con tus sábanas, pensando en las musarañas… y quedarnos así hasta las tantas. Hablando de almas, de camas, de… ¿amar? Sí, no quiero volver ha sentir esa lejanía tan cerca de ti, no tengo más segundos para ti, ni para nosotros, ni para tu cama, ni tu terraza, ni tu mesa, ni tu sillón, ni tu cocina, ni tu jaula… No quiero ver como no cambias, te quedas como antes y piensas en Platón, Aristóteles, Kurt Cobain y Ringo Star, me aburres sin quererlo, pero me aburres.
Has dejado de ser mi ombligo, mi copa de vino, mis suspiros, mis dedos y mi sentido, yo he dejado de ser tu luna, tu musa, tu droga, tu sueño, tus manos y tus miedos…
Ahora solo quiero volar entre las sábanas de esparto de corazones amargos, solo quiero reirme al mirarme al espejo y no tener más complejos al tenerte tan lejos. Me puse las alas de gala y ahora voy a volar entre camas…
Van pasando los días y las mañanas siguen siendo las mismas, distintas sábanas, distintas camas, pero al fin y al cabo las mañanas son las mismas. Todo empieza ha cambiar de color según se despierta el sol, salir de hurtadillas de la habitación, un beso en la mejilla junto a un adiós. Y cada día que pasa es más parecido ayer y gritaré pediendo un cambio que me ate algún lado de tu cama y que me espere tu café a la hora del desayuno y… todo es tan difícil de planear y de organizar y que la vida es como no debe ser y que escribir es un laberinto que no encuentras el final y no sabes por donde tirar para no perderte entre sustantivos, verbos y artículos. Y no tienes que decirlo… pero al menos dibújamelo despacito cerca del oído y lo doy por dicho… y sabes que no soy fácil de entender, ni de querer… Y quiero revolverme en tus deseos y ordenar tus sueños y por qué no, formar parte de ellos.
No sé como explicar lo que no puedo sentir por ti, ni sé como pasaremos las próximas noches de nuestras vidas, no sé como voy a mirarte cuando ya no te aten las musas, no sé si ahora hablo de ti o de él o del que algún día se fue, no sé si voy por mi carril o por el contrario, no sé cuantos puntos más me van a quitar por exceso de confianza, no sé cuanto más va a durar esta farsa… no sé si soy yo o es mi álter ego quien escribe esto, no sé si soy yo o es la otra en quien piensas, no sé si te quiero volver a ver, no sé si dependo de tí o si eres tú el que depende de mi, no sé… simplemente no sé.
Tú mordiste la manzana divina y me condenaste a vivir sin ti… tú que fuiste mi mejor momento y ahora no te atreves a venir… TÚ… tú y tu pasado… ese pasado que también es mi pasado, que me olvidaste cada mes de Octubre y me recordaste los otros once meses y que no te atreves a mirarme y a quererme, tú que cada año esperas mis visitas, mis peleas matutinas, mis risas sin sentidos, mis tetas y mis ojos bonitos. Tú que me escondiste los sentimientos en el fondo de una copa de whisky, tú que al regar las plantas y mirar por la ventana me piensas y recuerdas aquella lluvia que mojó nuestros corazones… Y no sé si te puedo echar de menos, porque separados es cuando más nos queremos, no sé si puedo volver a gritarte y acto seguido besarte, no sé si voy a volver a recorrer mil kilómetros para verte y sentirte tan lejos como antes…
Y mi locura está follándose los recuerdos!
Un puñado de derrotas y fracasos…
Tú, ser inanimado, que te mueves con descaro y vomitas tu propia vida… tú, valiente desdichado, que me has fallado, tú triste maniquí que no quiere sonreír… Tú, que con hablarme me confundes y con jurarme me hundes… Pobre de mi que no puede vivir sin ti, que te olvido cada vez que otro roza mi libido, yo, que soy una simple quimera de tu imaginación, que haces que pierda la razón, que se me olvidan los parámetros de mi vida, que no te quiero cuando te tengo y te ansío ver cuando te dejo.
Que las cuerdas de mi cordura son frágiles, se rompen cada vez que entre gemidos, sudor y alcohol me susurras un “mi amor”…
Quiero volver al momento donde todo se fue rompiendo y tragarme el orgullo y darte mil hostias y atarte, quitarte la venda de seda que que te ciega y no permitir que me pierdas. Volver a esa “apartada orilla donde la luna más pura brilla”, que me vuelvas a mirar y preguntarme que si quiero estar contigo hasta el final, y no titubear y sin pensarlo dos veces besar esos labios de marfil, que tanto me han hecho reir… Hemos perdido el momento más tierno de nuestra vida por pensar en el final cuando aún no habíamos escrito el principio…
Miedo de despertar, volver a ese preciso instante y no cambiar. No cambiar ni una pausa, ni un pestañeo y seguir sin decir “yo también te quiero”
Quiero regalarte un ratito de mi tiempo, un abrazo semiroto y una caja vacía de bombones… para que en ella guardes los recortes de nuestras palabras. Un regalo que sea único, tal vez pinte un unicornio de color azul para ti, puede que plante mil margaritas en la A-2 por ti o simplemente te regale un cenicero envuelto en papel de periódico con la típica frase de “espero que te guste”
Puede que ya te haya hecho el regalo más bonito, tal vez no lo hayas abierto aún…
Quiero hacerte recordar lo que vamos dejando atrás, puede que te regale una peonza con las veinticinco pesetas puestas en la cuerda, tal vez te regale una bolsa de canicas con la típica de acero, la negra y la blanca entera, un taco de cromos o un puñado de chapas.
Quiero que veas que el tiempo no se puede medir en años, sólo en momentos y recuerdos… Piensa que un día duermes y despiertas diez años después, no, no tendrías diez años más… el tiempo se ha detenido para ti, tal vez tu cuerpo será más triste, pero tú tendrás la misma edad con la que te fuiste a dormir.
No quiero regalarte un simple momento, un simple beso o simplemente un cuerpo, quiero regalarte algo grande, insólito, quiero regalarte… algo atípico, simbólico… algo que se convierta en mito. Ser “aquella” que te demostró que se puede volar sin alas y caminar de alma en alma. Quiero hacerte un regalo, que no lo puedas romper y con pegamento arreglar…
Con tu sonrisa me basta…
Tal vez nos haya presentado el viento, nos hayamos columpiado en el deseo, nos miremos y sin hablar nos amemos. Pero hipotéticamente creo que te quiero, aunque pasen los años y no te veo, te pienso y te deseo… Hipotéticamente me quieras, me ves y me deseas, aunque la roces a ella…
Hipotéticamente, tú y yo eramos felizmente desdichados en nuestra relación hipotética. Tal vez en otra vida mataras a mi madre y por eso me duela mirarte… tal vez en otra vida matara a tu padre y por eso no quieres ni mirarme… Hipotéticamente volvamos dentro de años y sentados en algún sillón de esparto con whisky en mano las carcajadas brotarán, al recordar, al recordarnos todo lo que perdimos durante tantos años…
Hubo un tiempo en el cual (hipotéticamente) las cosas iban a más… y como un portazo te sentó mi adiós y al despedirme desde el tren, decidiste no volver a querer… Ahora, hipotéticamente, ya no te duelen los portazos, porque estás seguro de que otra vez abriré la puerta y te amaré…
Sin hipótesis alguna, te digo muy segura, que se acabó… se acabó jugar con las ramas de los cerezos, de cortar el césped con los dedos, de pedirte un abrazo entre sueños, se acabaron las cafés y terraza, los albornoces y el agua…
No, en realidad no tengo valor, ya quiero llamarte y confesarte que te necesito…
Venga, te llamo, quedamos para un café y simplemente hablamos… ¿Podremos? No, te vuelves débil a mi lado y sucumbes al pecado.
Simplemente quiero que todo dejen de ser hipótesis
y hables claro sobre ti y sobre mi…